Escribiendo en el piso

martes, marzo 14, 2006

Emaús

Aún la luna nos miraba fijamente,
aún la tierra sentía nuestros pasos,
aún los arbustos sentían nuestro leve respirar,
y las almas dormidas nunca supieron
donde estaban los caminos que nuestros espíritus recorrieron....

Tú y yo dándole la bienvenida al amanecer...

Y es debajo de ese amanecer
donde nacieron las palabras prometidas,
nuestros recuerdos y nuestro castillo sin construir...

Tan lejos de todo, de todos,
tan cerca de Dios, en un escalón hacia el cielo....

En mi pecho, todo esto está en mi pecho en un dolor que jamás olvidaré.

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