La jefe
Alessia era una mujer dominante. Su paso dejaba a hombres y mujeres boquiabiertos, qué formas, qué espíritu, qué acento. Siempre estaba bien vestida, sus uñas intactas y muy largas... no importaba si eran postizas, igual los gestos que ellas limitaban eran mucho más expresivos. La ropa glamorosa siempre le venía bien. Es que Alessia aun en calentador se veía bien.
Ocupaba un alto cargo en la empresa. Tenía un carro, pequeño, pero propio. Eso era lo importante. Su novio era de esos papitos que salen en la tele. Guapo, con garbo, de cejas definidas y mirada profunda. Alessia se abrazaba constantemente a él. Y junto a él, lucían sus zapatos de gamuzar y tacos altos y su atrevida carterita de marca fina. Era linda es cierto, era la envidia de todas las subalternas que respiraban su perfume delicioso.
Mafalda más bien era todo lo contrario, una mujer dulce, querendona, flaquita como ella sola. Muy sencilla, con un corazón enorme. No tenía carro, buseteaba nada más. Eres súper risueña y no se hacía lío con nada. Manejaba bien la cuchara como el tenedor, a la hora de compartir un almuerzo poco le importaba en realidad.
Mafalda conocía bien a Alessia, conocía que detrás de esa bella mujer había una persona vacía, hueca, sola y sosa. Conocía lo que Alessia podía conseguir y le daba pena. No la admiraba ni la odiaba, pero sabía que todo lo que materialmente tenía Alessia en realidad le pertenecía a ella. Y esa razón era la que envidiaba, solo eso... saber que Alessia abrazaba en las noches a aquel que bien pudo ser solo de ella, su padre.
Mafalda era muy feliz y eso era lo que importaba. Los demás querían tener la vida de Alessia, ella solo quería arrancar de Alessia a su padre. Solo a su padre. Era lo único que envidiaba.
Ocupaba un alto cargo en la empresa. Tenía un carro, pequeño, pero propio. Eso era lo importante. Su novio era de esos papitos que salen en la tele. Guapo, con garbo, de cejas definidas y mirada profunda. Alessia se abrazaba constantemente a él. Y junto a él, lucían sus zapatos de gamuzar y tacos altos y su atrevida carterita de marca fina. Era linda es cierto, era la envidia de todas las subalternas que respiraban su perfume delicioso.
Mafalda más bien era todo lo contrario, una mujer dulce, querendona, flaquita como ella sola. Muy sencilla, con un corazón enorme. No tenía carro, buseteaba nada más. Eres súper risueña y no se hacía lío con nada. Manejaba bien la cuchara como el tenedor, a la hora de compartir un almuerzo poco le importaba en realidad.
Mafalda conocía bien a Alessia, conocía que detrás de esa bella mujer había una persona vacía, hueca, sola y sosa. Conocía lo que Alessia podía conseguir y le daba pena. No la admiraba ni la odiaba, pero sabía que todo lo que materialmente tenía Alessia en realidad le pertenecía a ella. Y esa razón era la que envidiaba, solo eso... saber que Alessia abrazaba en las noches a aquel que bien pudo ser solo de ella, su padre.
Mafalda era muy feliz y eso era lo que importaba. Los demás querían tener la vida de Alessia, ella solo quería arrancar de Alessia a su padre. Solo a su padre. Era lo único que envidiaba.

