Escribiendo en el piso

domingo, enero 07, 2007

Cocina

Malena no tenía idea de como había llegado hasta ese momento. Ni que haría para solucionarlo.

En su vida había sido necesario tan solo abrir la boca y pedir, su madre se había encargado de darle todo listo en sus manos. Y era talvez el instinto protector al saber que era la única niña entre los siete varones; por eso, Doña Sara no le permitía hacer algo que manchara sus inmaculadas manos, jugar a las escondidas con sus hermanos era imposible pues siempre estuvo latente la posibilidad de caer y crear cicatrices que seguramente serían imborrables en sus piernas. Tampoco la dejaba jugar con las niñitas del barrio.

- "Es un grupo de niñas traviesas y revoltosas que tendrán un mal futuro de tanto andar en las calles. Sus padres no las protejen, en cambio tú eres mi vida" Era el argumento de todos los días.

Y de todos los días, claro, porque Malena jamás perdió la esperanza de poder tener contacto con las niñas de su edad. Ella las veía desde su ventana mientras abrazaba firmemente a sus muñecas. Sus muñecas eran el único contacto que ella tenía con la civilización. Todas tenían un nombre y una historia diferente.

Cuando Sebastían, tibios ojos azules, apareció en su vida, ella sabía que sería de él. Tal como lo había vaticinado su madre tres años antes. Y es que no cualquiera se podría casar con el niño rico de los Estevez, noo. Malena era la indicada, su madre lo repetía una y otra vez mientras peinaba la larga cabellera dorada de Malena. Y así fue.

Su madre la había preparado teóricamente para ser buena esposa. Pero ahora estaba ahí parada, con cuchillo en mano, sin saber que hacer y llorando a mares. Sebastián, tibios ojos azules, se había enamorado de ella, pero quería una esposa completa, no solo de esas que hablan bonito -como lo hacía Malena-. Sus discusiones tornaban alrededor de ese tema, siempre. Ella no podía, no quería, no sabía.

Sebastián, tibios ojos azules, había cerrado la puerta tras de él y se había marchado, para regresar con una sola condición: la crema de zapallo debía estar terminada para su regreso.